Martinelli fue calumniado?

¿Martinelli fue calumniado?

Por Don Hank

 En este momento, la prensa lationamericanal está obsesionada por un informe supuestamente demostrando que el Presidente de Panamá le pidió al gobierno americano un equipo de pinchazo de teléfonos para espiar a sus “enemigos políticos”.

Por supuesto, muchos panameños se estarán preguntando si esta historia, que llegó a la luz pública a través de Wikileaks, es verdadera.

De hecho, la versión mediática tiene algunos problemas.

1—Los medios de comunicación, tanto aquí en Panamá como en EEUU (en donde los medios apoyan plenamente a la Izquierda), ignoran en muchos casos las declaraciones del mismo Martinelli, que insistió que no se refería en el caso a los pinchazos de enemigos políticos.

2—El vocero del gobierno americano no precisa que el Presidente haya pedido ayuda con el pinchazo de conversaciones de sus enemigos políticos. Nada más dice que el Presidente “no hace ninguna diferencia” entre el pinchazo de supuestos narcotrafricantes y enemigos políticos.

Ahora, hay una enorme diferencia entre “no hacer una diferencia” entre los 2 tipos de pinchazo y pedir ayuda a pinchar conversaciones de enemigos políticos – lo que, según manifiesta ese funcionario, no hizo Martinelli directamente. Sin embargo, las declaraciones del funcionario evocan la impresión de culpabilidad. Si el funcionario estadounidense hubiera querido adoptar una postura neutral, él no habría mencionado “enemigos políticos” porque en ninguna parte de su comunicación se precisa que Martinelli hubiera usado ese término.

Si no existe ninguna petición de un pinchazo que no esté relacionado con el narcotráfico, es una calumnia declarar que Martinelli haya pedido ayuda con el pinchazo de conversaciones de sus enemigos políticos.

Es más, se puede suponer que ni Martinelli ni algún presidente de un país latinoamericano sería tan poco sofisticado en el protocolo diplomático como para dejar escapar de su boca la expresión “enemigo político” en una conversación con un embajador estadounidense. Los políticos de América Latina saben muy bien que una tal petición sería muy mal vista por los yanquis y es poco probable que la haga un presidente latinoamericano.

La nota más desafinada de esta historia es que la embajadora se disculpa por su papel en la filtración de esta historia y por lo tanto admite que un actor del gobierno EEUU tuvo un papel significante en la propagación del chisme.

La prensa latinoamericana por lo general habla poco de la política interna de EEUU en este momento y para los que no leen inglés es difícil informarse bien sobre este tema.

La verdad es que los Demócratas de ese país se sienten identificados no con la derecha sino con la izquierda en América Latina. Ciertamente, se escucha que uno u otro Demócrata critica a Hugo Chávez, pero en su corazón el político Demócrata cree en el socialismo y no puede no sentirse solidario con Chávez. Por lo tanto, a pesar de su postura pública, los Demócratas en su corazón  no apoyan a ningún centrista-derechista como Martinelli. Hasta negaron a Panamá y a Colombia — los dos países más opuestos en su política a Chávez — la celebración de un trato de libre negocio (tomando de excusa que el nuevo Congreso republicano no apoyaría un tal trato, pero no pueden saber la postura del nuevo Congreso, porque este aún no se ha convenido).

Ciertamente, como se sabe que el americano medio no gusta de Chávez, ellos le siguen la corriente en sus pronunciaciones – por mientras.

Además apoyó el Departamento de Estado (bajo la dirección de Hillary Clinton) al presidente hondureño destituido Zelaya – un ultraizquierdista y amigo de Chávez – declarando que la Corte Suprema lo había sacado del poder ilegalmente, pero no mencionó que tampoco fue legal que Zelaya usara fondos extranjeros (proporcionados por Chávez) para llamar a un referéndum para prolongar su presidencia, lo que en sí igualmente era ilegal. Esta tendencia de apoyar la Izquierda y denigrar la Derecha no debe sorprender a nadie: Cuando Bill Clinton era presidente, su Departamento de Estado abogó por negociaciones con las FARC, un grupo de narcoterroristas. Clinton quiso calificar de “prisioneros políticos” a los prisioneros de ese grupo detenidos en las cárceles de varios estados latinoamericanos, lo que les hubiera elevado el estatus considerablemente dándoles privilegios legales y dando el primer paso hacia la legitimación internacional de su ocupación de los territorios controlados por ellos.

Así que el gobierno estadounidense demócrata tiene un buen motivo para oponerse a Panamá, país sumamente capitalista que no cae dentro de la visión izquierdista del régimen actual.

Por lo tanto, mientras ese bochinche no puede ser desmentido con ciencia cierta, tampoco convence a quien conoce la política actual de EEUU.

El autor es un traductor técnico jubilado y el fundador del blog internacional Laigle’s Forum.

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